Reflexiones de la clase – Marina Bison
La ultima clase me hizo cuestionar y profundizar en cómo se interrelacionan las necesidades, los satisfactores, los imaginarios sociales y el juego social en mi práctica como diseñadora gráfica. Partiendo de las necesidades humanas y su diferenciación de los satisfactores, he empezado a cuestionar si las soluciones que propongo en el diseño gráfico realmente satisfacen necesidades fundamentales o si simplemente responden a demandas superficiales o efímeras. ¿Cuántas veces, al crear una pieza, asumimos que estamos atendiendo una necesidad real, cuando en realidad estamos satisfaciendo una exigencia pasajera ¿Es posible que el diseño gráfico pueda responder a necesidades más profundas de subsistencia, identidad o libertad
Como diseñadora, el concepto de creación es central en mi práctica. Sin embargo, no puedo evitar cuestionar si mi trabajo está realmente alineado con satisfacer esta necesidad creativa o si responde a una mera exigencia del mercado. Este cuestionamiento se complejiza aún más cuando integro en la reflexión la idea del juego social, donde cada participante debe actuar estratégicamente dentro de un entramado de roles y estructuras de poder.
El juego social en el diseño gráfico no solo se centra en la comunicación de mensajes, sino en la negociación de significados dentro de un sistema donde interactúan clientes, diseñadores y consumidores. Como diseñadora, soy parte de este juego, ya que mis decisiones y propuestas están influenciadas por las expectativas del cliente, las tendencias de la industria y las demandas de los consumidores. ¿Cómo puede un diseñador navegar este juego social sin perder su identidad y visión creativa ¿Hasta qué punto nos dejamos influir por las dinámicas de poder y jerarquías, y cómo eso afecta la autenticidad y efectividad de nuestro trabajo En diseño gráfico, este conflicto de intereses es evidente mientras que el cliente suele priorizar la eficiencia y el retorno económico, el diseñador busca expresar su visión y satisfacer una necesidad creativa.
Otro aspecto que analizamos en clase fueron las representaciones e imaginarios, que funcionan como modelos ideales o metas que los individuos y grupos buscan alcanzar. En el contexto del diseño gráfico, estos imaginarios influyen en las expectativas del público, los estilos visuales predominantes y las tendencias de la industria. Los imaginarios sociales también actúan como guías o restricciones implícitas, moldeando el proceso de diseño y las percepciones que el público tiene sobre las piezas gráficas. Me surge entonces otra pregunta ¿De qué manera los imaginarios colectivos limitan o potencian la creatividad en diseño gráfico ¿Estamos, como diseñadores, condicionados a replicar ciertos imaginarios en lugar de cuestionarlos o transformarlos
Por último, esta reflexión sobre el juego social y los conflictos de intereses me lleva a pensar en el rol de la colaboración y negociación en el diseño gráfico. Si bien el trabajo de un diseñador puede parecer individual, en realidad es el resultado de un proceso colaborativo que involucra distintas voces, opiniones y demandas. En este sentido, el diseño gráfico podría funcionar como un espacio para la integración de intereses y la creación de significados compartidos. ¿Es posible que el diseño gráfico, en lugar de ser un reflejo pasivo de los imaginarios existentes, pueda convertirse en un agente de cambio, capaz de cuestionar y redefinir estos imaginarios
Con estas preguntas abiertas, concluyo que la práctica del diseño gráfico, al igual que cualquier otro proceso creativo, es un juego social complejo, donde las necesidades, los intereses y los imaginarios se entrelazan y se negocian constantemente. La clave, quizás, no está en evitar los conflictos ni en buscar satisfacer todas las demandas, sino en encontrar un equilibrio donde el diseño no solo comunique un mensaje, sino que también permita al diseñador expresar su visión y satisfacer sus propias necesidades creativas.
Percibo con más claridad la responsabilidad del diseño gráfico no solo como herramienta de comunicación, sino como un espacio donde se puede desafiar y reconstruir los imaginarios sociales. Este proceso implica navegar entre la autenticidad personal y las demandas externas, sin perder de vista el potencial del diseño como agente de cambio. Quizás, al abrazar el rol del diseño como un espacio de negociación entre lo personal y lo colectivo, podamos contribuir a una práctica que no solo responde, sino que también cuestiona y redefine las necesidades y expectativas de nuestra sociedad.
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