PLATA, Sofía - Clase 3

A pesar de no haber asistido a esta clase, hablé con varios compañeros para entender mejor lo que se discutió, y el tema de nuestras palabras resultó ser muy importante. Es cierto que, en la FADU, como en muchos otros contextos, las palabras que escuchamos pueden afectarnos de maneras muy distintas. Los comentarios negativos, en particular, tienen una manera de quedarse con nosotros mucho más tiempo que los positivos, porque atacan nuestra susceptibilidad. Y eso es algo que pasa frecuentemente en la facultad: no importa cuántas palabras de aliento recibamos, un solo comentario negativo puede arruinar nuestro día o incluso hacernos dudar de nuestras capacidades.

En mi experiencia, me acuerdo de una situación en particular que ilustra bien este punto. Fue durante mi cursada de Diseño Gráfico 1 (DG1), con una entrega que me estaba costando muchísimo. Clase tras clase, rehacía y rehacía mi trabajo, sin llegar a un resultado que me dejara conforme, y mucho menos a uno que recibiera una devolución alentadora. Parecía que todo lo que hacía estaba mal, y cada vez que recibía una devolución, me sentía más frustrada. Cuando finalmente llegó el día de la entrega, no esperaba mucho. Pero, para mi sorpresa, me fue bien, mucho mejor de lo que esperaba. Sin embargo, lo que quedó resonando en mi cabeza no fue la buena nota ni los comentarios positivos, sino uno en particular que me hizo ruido: “No sé qué te pasó con la entrega. Se te alinearon todos los planetas.”

Aunque era un comentario que, a simple vista, parecía un halago, por dentro lo sentí como una crítica. Como si todo el esfuerzo y el proceso que había atravesado no hubieran sido válidos, como si mi buen resultado hubiera sido una mera cuestión de suerte. Y eso me hizo reflexionar sobre la importancia de cómo se dicen las cosas, no solo qué se dice. Porque, aunque las intenciones fueran buenas, las palabras que eligió ese docente me dejaron con una sensación amarga, como si todo lo que había pasado para llegar a ese momento no contara.

En la puesta en común que hicieron mis compañeros, me contaron cómo discutieron la selección de ocho frases y cómo cada uno de ellos se apropió de las palabras de maneras muy distintas. Eso me hizo pensar en lo personal que es el impacto de las palabras. Todos tenemos un idiolecto distinto, una forma única de entender el lenguaje y de interpretarlo según nuestras experiencias previas. Algo que para una persona puede ser un halago, para otra puede sentirse como una crítica. Por eso es tan importante ser conscientes del poder que tienen nuestras palabras y del impacto que pueden tener en los demás.

Al final, creo que esta clase dejó una enseñanza clave: debemos elegir con cuidado las palabras que usamos, especialmente en un contexto académico donde la susceptibilidad de las personas está a flor de piel. Las palabras pueden construir o destruir, y el impacto que tienen en nosotros no siempre es predecible. Por eso, tanto como estudiantes como futuros profesionales, es esencial aprender a comunicar con empatía y cuidado.

Este tema me hizo pensar en cómo las palabras, aunque bien intencionadas, pueden tener un impacto mucho más grande de lo que imaginamos. Como vimos en el Diagrama de Venn, nuestras conexiones y el contexto en el que nos desenvolvemos (en este caso, FADU) influyen fuertemente en la forma en que interpretamos los mensajes. A veces, lo que debería ser un elogio se convierte en una crítica involuntaria, y eso es parte de cómo nuestro "banco de saber" y nuestras experiencias previas filtran la información que recibimos.

Comentarios

  1. Me parece acertado cómo te apropias de los conceptos y los relacionás con tu vida de manera coherente. Esto le da al texto una dimensión personal que enriquece el análisis. (N+)

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