Al principio de la clase, hablamos de qué es tema y qué es problema, cómo está bueno poner las cosas en duda pero tampoco problematizar todo ya que sería "antieconómico". Por ejemplo, si nos entregan un proyecto de diseño podemos plantearnos como problema un cambio de tipografía o usar la que ya están usando (tema). Un técnico capaz resuelve un problema siempre de la misma manera, sin buscar innovación a menos que esté pedida, mientras que los diseñadores tienen que tomar posiciones diferentes frente a proyectos dados.
Reflexionando sobre los problemas detonantes, traje a la luz un tema que se empezaba a acercar y generaba dudas e incomodidad. ¿Qué voy a hacer cuando me reciba? Recibirme siempre fue una meta clara. Durante años, ese título fue el objetivo que me guiaba en cada etapa del camino, una suerte de punto de llegada hacia el cual todo parecía dirigirse. Sin embargo, ahora que estoy tan cerca de alcanzarlo, la emoción que imaginaba sentir se ve invadida por una creciente incertidumbre. Siempre pensé en este momento como el cierre de un ciclo, pero ahora me doy cuenta de que es también el comienzo de otro, lleno de preguntas que no había contemplado antes.
Es interesante cómo, cuando estás inmerso en la estructura de la universidad, todo parece seguir un plan claro. Sabés qué esperar, cómo actuar, cómo organizar tu tiempo. Pero el momento de recibirse implica salir de esa estructura. Es como si hasta ahora hubiera estado atravesando un camino guiado y de repente me encontrara frente a un campo abierto, sin señales claras que me digan hacia dónde ir. Es emocionante, sí, pero también da miedo. Porque ahora depende de mí tomar decisiones sobre cómo seguir, sobre qué camino elegir.
Una de las mayores incógnitas de este problema detonante es si quiero especializarme en algo más o lanzarme de lleno al mundo laboral. La idea de seguir aprendiendo me atrae mucho. Siempre hay algo nuevo por descubrir, algo que puede enriquecer mi formación y hacerme sentir más preparada. Quizás una especialización en diseño ux/ui o algo relacionado con la animación. Pero, al mismo tiempo, quiero/tengo que trabajar y decidir en qué area hacerlo. Es como si quisiera avanzar en ambas direcciones a la vez, pero sé que en algún momento tendré que elegir. Y luego está la cuestión del "dónde". ¿Me gustaría quedarme en mi país o buscar oportunidades en el extranjero? No puedo evitar sentirme tentada por la idea de trabajar fuera, en un entorno nuevo, donde podría aprender de otras culturas y enfrentar desafíos diferentes. Sin embargo, la familia y los afectos es algo invaluable que me arraiga.
En el fondo, sé que recibirme no es solo un punto de llegada, sino un nuevo comienzo. Es un fin que abre la puerta a muchas otras posibilidades, y aunque a veces esa amplitud de opciones parece abrumadora, también es liberadora. Ahora puedo empezar a proyectar cosas a futuro de una manera más concreta. Siempre pensé que mis objetivos estaban claros, pero en este momento me doy cuenta de que, más que nunca, necesito replantearlos. ¿Qué es lo que realmente me interesa? ¿Qué proyecto quiero perseguir a largo plazo? Son preguntas que no tienen respuestas inmediatas, pero me doy cuenta de que es normal sentirse así.
Al final de la clase nos explicaron que una cosa es estar a la espera de que lo posicionen, otra cosa es tomar posición al respecto. Porque ya no se trata de cumplir con un plan preestablecido, sino de construir uno propio. Esa libertad de decidir mi próximo paso me obliga a ser honesta conmigo misma, a preguntarme qué quiero realmente, más allá de las expectativas de los demás o de lo que siempre pensé que debía hacer.
Entender que el problema del recibirse no es necesariamente una barrera, sino un paso hacia adelante, me permite replantearlo desde una perspectiva de crecimiento y no solo de incertidumbre. Aunque el camino después de la universidad no esté trazado como el académico, es justamente esa libertad la que me da la oportunidad de reinventarme y crear mi propio camino. Recibirme es un desafío, pero también una oportunidad. Es una etapa que llega a su fin, pero al mismo tiempo es el inicio de otra que aún está por definirse. Y aunque no tenga todas las respuestas ahora, creo que lo importante es seguir adelante, explorar, probar, fallar, aprender y, sobre todo, no tener miedo a cambiar de rumbo si es necesario. Después de todo, depende de cómo uno encara el problema, si como un vacío de incertidumbre o como una pileta llena de posibilidades.
El proceso que atravesamos a lo largo de la clase da cuenta a que un problema es detonante pero ¿para quién? No es algo universalizado, sino que da cuenta de una relación entre sujeto y problema. El recibirme en vez de verlo como problema, lo podría tomar como tema y no como obstáculo. O tal vez simplemente tomar una posición diferente al respecto. Creo que es un problema que implica un nivel de transformación grande y abordarlo va a generar otros cambios y problemas. Pero por más que sea algo que me va a incomodar, a veces es necesario salir del molde.

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