Clase 3 - Reflexión James
En esta clase estuve ausente, pero tuvieron una actividad que me llevó a reflexionar mucho sobre el poder de las palabras en nuestro proceso creativo. Se pidió que compartiéran frases que nos hayan marcado durante nuestra carrera, y dos frases en particular me vinieron a la mente: "Esto es un mamarracho" y "¿Tenés lo que trajiste la primera clase?".
La primera frase, “Esto es un mamarracho”, me la dijeron en mi primer año de Diseño. Me marcó mucho ese día, y cada vez que la pienso, vuelvo a sentir la mezcla de frustración y duda que me generó en ese momento. Era uno de mis primeros trabajos prácticos, y esa frase, tan cruda y directa, me hizo replantear si realmente había tomado la decisión correcta al elegir esta carrera. Me pregunté si era lo suficientemente buena para este mundo creativo, si tenía lo que hacía falta para sobresalir. Esa simple frase no solo me hizo dudar de mi proyecto, sino de mí misma como diseñadora en formación. Durante días, me debatí entre seguir adelante o buscar otra dirección. Años después, cuando comparti esta experiencia con mis compañeros, noté que varios habían vivido momentos similares. Todos recordaban alguna crítica dura, de esas que te sacuden el ego, y cómo les había afectado en su camino.
Sin embargo, con el tiempo, entendí que esas palabras, aunque duras, no debían definir mi camino. Lo que en ese momento fue un golpe a mi confianza, hoy lo veo como un desafío que me ayudó a crecer. Conversando concluimos que muchas veces, los comentarios más difíciles son los que nos obligan a mirar nuestro trabajo con una lupa más crítica. Esa frase, que en su momento me hizo sentir tan mal, terminó siendo un punto de inflexión para mí. No se trataba de abandonar, sino de aprender a procesar la crítica, de filtrar lo que era constructivo y de dejar atrás lo que no aportaba.
La segunda frase que compartí en clase fue “¿Tenés lo que trajiste la primera clase?”. Me la dijeron dos días antes de una entrega final, en uno de los momentos más estresantes de todo el proceso. Me acuerdo claramente de la desesperación que sentí al escucharla. Había pasado semanas trabajando, haciendo ajustes y cambios, y justo antes de la entrega, me preguntaban si tenía lo que había traído al inicio del curso. Al principio, no podía entender por qué no me lo habían dicho antes. ¿Por qué no me avisaron desde el principio que mi idea original era la mejor? Sentí que había perdido tiempo y esfuerzo.
Sin embargo, al darle vueltas al asunto, comprendí que esa pregunta era más profunda de lo que parecía. No se trataba de descartar todo lo que había hecho en el proceso, sino de reconocer que, a veces, nuestra primera intuición es la más acertada. Pero también entendí que necesitaba atravesar todo el proceso creativo para reafirmar que mi idea inicial era sólida. Es como si, al pasar por todos esos pasos, hubiera vuelto al punto de partida con una visión más clara y con la confianza de saber que mi primera propuesta tenía valor. Al charlarlo con otras personas, muchos coincidieron en que el proceso de diseño es, en parte, un círculo: comenzamos con una idea, la transformamos, la desafiamos, pero al final del camino, muchas veces volvemos a lo esencial.
Emma aborda conceptos clave como el poder de las palabras y su impacto en el proceso creativo, utilizando dos ejemplos personales de frases que la marcaron profundamente. Relaciona estos conceptos con su experiencia como diseñadora en formación, mostrando cómo las palabras pueden moldear el pensamiento y la confianza creativa. A lo largo de su relato, conecta estos elementos para profundizar en la reflexión sobre el proceso de diseño. El relato está bien estructurado, y Emma construye un discurso argumentado, particularmente al describir cómo la crítica recibida le permitió desarrollar una mirada más crítica hacia su propio trabajo y cómo comprendió que el proceso creativo es a menudo circular. (N+)
ResponderEliminar