Experiencia grupal – Clase 7
El tema que trabajamos fue el de los "problemas detonantes". Se nos pidió que cada uno identificara un problema detonante. A partir de esa situación, debíamos cuestionar el problema, describirlo y reflexionar sobre él. Una de las características más interesantes de los problemas detonantes es que no son iguales para todos. Cada persona, desde su experiencia y su manera de ver el mundo, identifica problemas distintos. Algo que para uno es un gran problema, para otro puede no tener relevancia.
En el trabajo grupal surgió una pregunta clave: “¿Para quién es un problema detonante?”. Esta pregunta nos hizo reflexionar sobre el hecho de que lo que una persona ve como un problema importante, otra puede no percibirlo de la misma manera. No todos enfrentamos las mismas dificultades ni compartimos las mismas necesidades, lo que hace que los problemas que consideramos detonantes sean diferentes. Este ejercicio nos ayudó a ver cómo nuestra formación como diseñadores nos da la capacidad de abordar problemas desde perspectivas creativas, adaptadas a las realidades de los demás.
No obstante, logramos identificar un problema detonante que todos, como futuros egresados, compartimos: la incertidumbre sobre lo que nos espera después de graduarnos. La gran pregunta que emergió fue: “¿Qué pasa después de recibirse?”. En conjunto, nombramos el problema, sus preguntas principales, planteamos sus máximas y sus afirmaciones. La conclusión fue clara: el problema no es "recibirse", ya que ese es un paso concreto que implica cumplir con los requisitos académicos. El verdadero problema es la incertidumbre que aparece una vez que hemos terminado la carrera, cuando nos enfrentamos a la realidad de tener que definir nuestro futuro sin una estructura que nos guíe.
Durante nuestra formación universitaria, todo parece seguir un camino preestablecido: sabemos qué hacer, qué esperar y cómo organizar nuestro tiempo. Pero al graduarnos, ese camino desaparece y nos encontramos en un terreno abierto, sin indicaciones claras de hacia dónde dirigirnos. Esto genera una mezcla de emoción y miedo. El temor no proviene de una falta de habilidades, sino de la incertidumbre sobre lo que vendrá.
Como grupo, coincidimos en que nuestro problema detonante en esta etapa no está en el proceso de formación, sino en la necesidad de enfrentarnos a lo desconocido y asumir el control de nuestro futuro. Aunque el camino sea incierto, también es una oportunidad para que cada uno de nosotros defina su propósito como profesional y trace su propio rumbo en esta nueva etapa.
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