BISON, Marina - Clase 7

 

Reflexiones de la clase – Marina Bison

La idea de un “problema detonante” me resulta especialmente intrigante porque no es algo que simplemente surge de forma externa, sino que es el resultado de nuestra propia percepción y análisis. En la clase del viernes, abordamos este concepto desde la óptica del diseño, pero al reflexionar más profundamente, es evidente que los problemas, en realidad, son construcciones subjetivas, hechos que los seres humanos creamos para intentar mejorar una situación. No existen en la naturaleza; somos nosotros quienes les damos forma para avanzar y, en cierto modo, para justificar la acción creativa.

Un problema surge cuando algo no puede continuar como está. Esto puede aplicarse tanto a los pequeños eventos de la vida cotidiana como a los grandes desafíos de un proyecto de diseño o cualquier campo. Pero lo interesante de los problemas detonantes es que son el inicio de un proceso creativo. Si no existieran problemas, no habría motivo para el cambio ni para la innovación. Es justamente a través de este proceso de problematización, donde elegimos cuestionar lo que parece fijo, que nos posicionamos en un lugar diferente, un lugar desde donde podemos crear.

Sin embargo, en esta creación del problema, también hay una dificultad. En muchas ocasiones, es complejo identificar qué aspecto de una situación debe ser considerado un problema. Nos han enseñado a ver los problemas como obstáculos o incluso como desafíos, pero es difícil verlos como oportunidades de avance positivo. Sin ellos, nuestro trabajo pierde sentido, y esa es la paradoja: los problemas, aunque incómodos, son necesarios para progresar. En el diseño, por ejemplo, cada proyecto nace de la identificación de un problema que necesita ser resuelto.

Es curioso también observar cómo estamos tan acostumbrados a solucionar problemas para los demás que, a veces, olvidamos identificar los propios. Esto es algo que he sentido de manera muy personal. Estamos entrenados para resolver los desafíos de nuestros clientes y equipos, pero rara vez nos detenemos a pensar cuál es nuestro propio problema detonante. ¿Qué nos motiva a avanzar? ¿Qué nos impide quedarnos estáticos? Al mirar hacia adentro, surge la reflexión: ¿Cuál es mi problema detonante?

La respuesta a esta pregunta no es fácil. Puede que, en mi caso, no tenga un solo problema detonante, sino una serie de pequeños retos que, juntos, me impulsan a seguir. Si no me hiciera preguntas a diario, si no cuestionara mis propios métodos, tal vez perdería ese sentido de propósito. La problematización me permite no aceptar lo que se me da como un hecho. Me empuja a tomar una posición crítica frente a mi entorno, frente a lo que se espera de mí y lo que espero de mí misma.

Aun así, me doy cuenta de que me cuesta mucho encontrar mi problema detonante, no lo pude encontrar durante la clase ni en los días posteriores. Y creo que esto sucede porque, inconscientemente, trato de evitar una crisis en este momento, no quiero crearme un problema detonante para resolver. A veces, es más cómodo seguir como uno está, dejar que las cosas fluyan y pase lo que tenga que pasar.

Evitar este momento de crisis y cuestionamiento de las cosas puede verse como una estrategia de supervivencia: me mantengo en modo piloto automático, sin detenerme demasiado a pensar, esperando que el tiempo me traiga una nueva perspectiva, claridad y me ayude a enfrentarme a mi problema detonante. Este ciclo es un refugio cómodo, pero sé que en algún momento voy a tener que salir de él para avanzar, porque los problemas detonantes, aunque incómodos y desafiantes, son los que realmente nos impulsan a evolucionar hacia mejores versiones de nosotros mismos.

Comentarios

  1. SN: Mientras reflexiona sobre la temática abordada en clase, resignifica y se repregunta sobre el concepto en sí y articulándolo con su vida personal

    ResponderEliminar

Publicar un comentario