En esta clase debatimos sobre el concepto de "modelo", qué representa y qué significa para cada uno de nosotros. Al principio, no estaba claro hacia dónde nos llevaba esta introducción. Sin embargo, después de la explicación del día y de analizar ejemplos concretos, todo empezó a tener mucho más sentido. Nos enfocamos en los modelos como representaciones que, dentro del ámbito académico, tienen una gran aceptación general. Estos modelos deben ser reconocidos por todos, más allá de que los utilicemos o nos sintamos identificados con ellos.
Entendimos los modelos como situaciones, dinámicas, formas de conducta, estereotipos, frases y otras estructuras. Todo esto, considerando siempre las circunstancias en las que esos modelos se dan, en este caso, relacionadas con nuestra formación en la FADU (Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo) y nuestra experiencia como estudiantes. Analizamos ejemplos de modelos en distintos aspectos, como el diseño, las estrategias, las formas de actuar, resolver problemas, vestir, corregir exámenes, incluso cómo nos comunicamos y expresamos dentro de la facultad. También surgieron ideas sobre modelos de pensamiento, criterios, creencias y formas de mirar o interpretar el entorno. Lo importante es que estos modelos son dominantes, y de alguna manera rigen el comportamiento y las dinámicas en la FADU.
Un punto interesante que surgió durante el debate fue la discusión sobre si una persona puede ser considerada un "modelo". Después de intercambiar ideas, llegamos a la conclusión de que una persona puede aportar o contribuir a la creación de un modelo, pero no necesariamente encarnar un modelo por completo. Este matiz fue importante, ya que nos permitió diferenciar entre las ideas y los comportamientos que una persona puede representar y su papel dentro de un contexto más amplio.
Cuando llegó el momento de la actividad en la que debíamos pensar en modelos de la FADU, nos resultó útil utilizar la palabra "estereotipo" para bajar ideas más concretas, aunque no era un requisito exclusivo. Surgió un debate sobre si estos modelos debían ser reconocidos solo por estudiantes de la FADU o si también podían incluir percepciones externas, como prejuicios típicos que personas ajenas a la facultad podrían tener. Esto abrió una discusión sobre cómo se construyen y perciben los modelos desde dentro y fuera del ámbito académico.
Uno de los momentos más impactantes fue cuando, al compartir nuestras ideas sobre los modelos con los compañeros, hubo una especie de entendimiento implícito. Todos coincidíamos en muchas de las posibilidades que planteábamos, lo cual dejó en evidencia cómo, en cierto sentido, somos víctimas de una alienación colectiva. Es decir, percibimos al otro de manera similar, incluso cuando no lo conocemos en profundidad. Esto muestra cómo los modelos, los estereotipos y las dinámicas modélicas que predominan en la FADU están tan internalizados en nosotros que casi los damos por sentados.
A medida que avanzábamos con la actividad, también comenzamos a notar aspectos que habíamos normalizado por completo, ya que forman parte de nuestra experiencia cotidiana en la facultad. Sin embargo, estos aspectos son lo que nos diferencia de otras universidades. Un ejemplo claro es la metodología de las clases de diseño, donde siempre hay enchinchadas en la pared, puestas en común, idas y vueltas con los docentes y los compañeros, y momentos de esquicio. Este tipo de dinámicas no se verían en otras carreras o universidades, donde las clases son más teóricas y el estudiante solo escucha al docente sin una interacción constante.
Darme cuenta de esta diferencia me hizo reflexionar sobre cuánto valoro estos modelos y espacios que la FADU nos ofrece. No son solo metodologías o procesos; son partes fundamentales de nuestra formación que nos permiten interactuar, reflexionar, aprender de los demás y crecer como diseñadores. La forma en que estos modelos estructuran nuestra educación y la dinámica de las clases es única, y al compararlo con otros tipos de educación, uno realmente empieza a apreciarlo más.
Finalmente, cuando llegó el momento del desfile, también resultó interesante ver cómo la "persona ideal" que construimos a partir de los modelos que discutimos se repetía en otros grupos. Esto fue una validación de que esos modelos realmente existen y son convenciones sociales que todos compartimos en nuestro día a día, en nuestro "habitus" cotidiano, como lo llamábamos. Esta repetición y coincidencia entre los grupos nos ayudó a confirmar nuestras teorías, prejuicios y estereotipos, pero también nos permitió entender que estamos inmersos en una cultura académica compartida, donde los modelos no solo nos influyen, sino que también nos definen como comunidad.
Lo más relevante de este análisis es entender que los modelos no solo nos condicionan sino que también ofrecen un marco desde el cual podemos construir nuevas perspectivas. No se trata simplemente de aceptarlos o rechazarlos, sino de cuestionarlos activamente y ver cómo pueden adaptarse o transformarse. Por ejemplo, los estereotipos de la FADU que discutimos no son solo clichés que nos definen; también son una oportunidad para crear nuevas dinámicas que respondan a nuestras necesidades actuales como estudiantes y diseñadores.
La alienación colectiva que sentimos al identificarnos con estos modelos puede resignificarse como una forma de pertenencia, un reflejo de una identidad compartida que, al mismo tiempo, nos impulsa a buscar otras maneras de hacer las cosas. Esta ambigüedad—entre la comodidad de lo conocido y la necesidad de cambio—es lo que hace que los modelos no solo definan nuestra experiencia, sino que también se vuelvan herramientas para evolucionar.
Me parece que logras un buen manejo de los conceptos, y en varios momentos te apropiás de ellos, explorándolos desde perspectivas interesantes. Te sugeriría profundizar en esos puntos en los que ofreces una mirada única, desarrollando más cada idea para que no queden solamente esbozadas. Esto le daría mayor profundidad y coherencia al texto. (N+)
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