JAMES, Emma - Clase 6

A lo largo de mi carrera en diseño gráfico, el proceso de creación implica mucho más que solo sentarse en la computadora. Aprendí que pensar de diferentes maneras es esencial para poder enfrentar los desafíos que van desde las entregas de proyectos hasta rendir exámenes. Y aunque al principio no me daba cuenta, cada uno de esos modos de pensar se va combinando según la tarea que tenga en frente. No somos solo pensadores abstractos o concretos, sino que utilizamos un espectro de pensamientos que se entrelazan y se complementan.

Por ejemplo, el pensamiento abstracto es clave cuando recibo un brief o una consigna para una entrega. Ahí es donde entro en modo analítico y trato de entender las expectativas del cliente o profesor de manera objetiva: qué mensaje se debe transmitir, cuáles son los requisitos y las limitaciones. Pero luego está el pensamiento concreto, que es donde realmente entra la parte creativa y subjetiva del diseño; el diseño no es un proceso lineal ni matemático. Cada decisión que tomo, ya sea sobre colores, tipografía o el diseño general, tiene que resonar de y transmitir algo intangible, algo más difícil de medir, como la personalidad de la marca. Para eso a veces tomo distancia de los proyectos por unos días si me siento trabada. Otras veces pido opiniones de amigas diseñadoras o el consejo de un profesor la mayoría de veces ayuda. Más allá de esos dos polos, también es interesante cómo operan otros tipos de pensamiento en mi día a día. El pensamiento corporal parece algo muy básico, pero en realidad es crucial para sobrevivir en esta carrera. Pasar horas frente a la computadora, bocetando o trabajando en diseño requiere que mi cuerpo descanse o deje de pensar. Jugar al fútbol o hacer actividad física siempre me ayudó mucho a aclarar la cabeza. El pensamiento manual está siempre presente. No solo cuando hago bocetos o trabajo con herramientas físicas, sino incluso cuando uso el lápiz de mi tableta gráfica. A veces hacer esquicios o ponerme a recortar y trabajar manualmente te da otra visión de las cosas, en vez de estar siempre en la computadora. Luego está el pensamiento técnico, que es casi una extensión de lo manual. Involucra utilizar mis manos con otro objeto. Vuelve a resonar el hacer esquicios o el utilizar los conocimientos ya aprendidos, desde lo básico de usar la computadora. El pensamiento espacial es otro que utilizo constantemente, especialmente al crear layouts o estructuras de diseño. Imaginar cómo los elementos se organizan en una página o en un espacio tridimensional es algo que requiere una lógica distinta, más visual que discursiva.  A veces, incluso el pensamiento místico entra en juego, aunque suene raro. Hay ciertas cábalas como usar la misma prenda de ropa creyendo que por eso me iba a ir bien, aunque en el fondo capaz es para tener más seguridad y sentir algo de control. En mi caso, creo que es algo que apliqué más en los exámenes teóricos que en los prácticos. El pensamiento rítmico-musical también está ahí, aunque no de manera tan obvia. En diseño gráfico, a veces realizamos piezas audiovisuales en donde el sonido es algo clave que transmite algo intangible, sensaciones que no son posibles describiendolas.

En el transcurso de la carrera, me di cuenta de que ninguna de estas formas de pensar está separada. Dependiendo de la tarea, ya sea una entrega o un examen, algunos tipos de pensamiento prevalecen más que otros. Estaría bueno ver qué pasaría si para situaciones que solemos encarar con un mismo modo de pensamiento, lo encararíamos con otro? Probablemente, a mayor o menor escala, algo nos va a brindar, ya sea para la situación en concreto o para la construcción de quiénes somos. A medida que nos vamos encontrando a situaciones diferentes, empezamos a conocer nuestras distintas maneras de pensar. Por momentos algunas nos ayudan y otras no, y viceversa. Tenemos que aprender a entenderlas e identificar cuáles nos ayudan más en cada circunstancia. Ver cuáles tienden a prevalecer van a ayudarnos a entendernos más como personas. Además, explorar estas diferentes formas de pensar no solo nos ayuda a ser mejores diseñadores, sino que también nos permite descubrir nuevas facetas de nosotros mismos en cada proyecto. Cada vez que enfrentamos una situación desde una perspectiva distinta, expandimos nuestras herramientas y, de alguna manera, nos reinventamos como creadores y como personas.

Comentarios