Reflexiones de la clase – Marina Bison
¿Cómo pienso? Si algo tengo claro es que cada uno piensa de forma muy distinta. Y yo misma soy un ejemplo de este hecho. Mi "yo" de hace unos años, mi "yo" de antes de la FADU, tenía una manera de ver el mundo completamente diferente. En parte, este cambio se dio por haber crecido y haberme enfrentado a nuevos desafíos, pero por otra parte el cambio también se dio por la influencia que la universidad y el trabajo tuvieron en mi. Aunque sigo siendo, en esencia, la misma persona, es innegable que soy otra, y que mi forma de pensar cambió con el tiempo.Conforme pasan las clases y nos adentramos en los temas, no puedo evitar preguntarme: ¿Hasta qué punto este cambio en mi forma de pensar fue consciente? ¿Qué tanto decidí yo cambiar para "crecer" y cuánto fue impuesto por el sistema en el que estoy inmersa? Esta cuestión me lleva a otra duda: ¿Comencé a pensar como otros querían que pensara, con el fin de ser más útil en mi carrera? La línea entre lo que es realmente mío y lo que he absorbido de los demás no siempre está tan clara.
Pensar y hacer están estrechamente conectados. Entre ambos existe un espacio donde me detengo a reflexionar sobre las consecuencias de mis decisiones. Y eso es algo que hacemos constantemente, aunque no siempre lo notemos. Estamos en una especie de diálogo interno permanente, pensando en qué hacer, cuándo, cómo y por qué. Todo lo que me rodea influye en lo que pienso, y eso me da una perspectiva única sobre las cosas. Al final, mi entorno afecta no solo mis decisiones, sino la forma en que veo el mundo.
A lo largo del tiempo, mi forma de pensar ha ido evolucionando. Antes, me veía como alguien con un pensamiento más abstracto, místico y manual. No solía cuestionar mucho mi manera de diseñar; simplemente experimentaba con lo que sentía en el momento, sin planificación previa. Sin embargo, a lo largo de la carrera, sin darme cuenta, fui abriendo mi mente a otras formas de ver las cosas. Empecé a explorar más lo concreto y técnico, implementando estructuras, grillas y considerando las direcciones y tensiones de la composición. Descubrí que estas maneras de pensar también tenían su valor, y que muchas veces resultaban más efectivas para abordar proyectos.
Este último año, por ejemplo, empecé a conectar ideas que antes parecían no tener relación. Mi proceso creativo dejó de ser rígido y empezó a fluir entre distintos tipos de pensamiento, y eso me ha permitido ampliar mi forma de ver y entender el diseño. Una de las cosas más importantes que he aprendido es que no hay una sola manera de llegar a un resultado. Mis procesos creativos ya no siguen un camino único; a veces empiezo en un lugar muy concreto y acabo en lo abstracto, sin seguir un orden predefinido. Y eso está bien. Me doy cuenta de que lo importante es que cada pensamiento, por más diferente que sea, tiene su valor, y que todos esos pensamientos se pueden entrelazar para crear algo más grande.
Y al trabajar en grupo, me di cuenta de que compartir diferentes formas de pensar puede ser enriquecedor. Todos traemos nuestros modelos mentales, nuestras experiencias, y eso hace que las discusiones sean más interesantes y que lleguemos a soluciones que no habríamos encontrado solos. Aunque el sistema, en ocasiones, parece querer moldearnos, siempre hay espacio para romper con esas estructuras y explorar nuevas formas de pensar. Mi forma de pensar sigue evolucionando, y ese proceso es, en sí mismo, parte del aprendizaje.
(SN). Relacionaste la temática de la clase con muchos temas que vimos en clases anteriores, hiciste un argumento mas complejo gracias a ello. Te cuestionaste evolutivamente.
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