BISON, Marina - Clase 2


Reflexiones de la clase – Marina Bison

En la clase nos enfrentamos al desafío de trabajar en grupos formados al azar con personas desconocidas y de carreras distintas para crear un proyecto en común. Esta actividad me permitió reflexionar sobre la importancia de la colaboración interdisciplinaria y cómo la interacción con extraños puede revelar aspectos fundamentales de la personalidad de cada miembro del grupo de manera inconsciente, debelando nuestros capitales en el proceso.

Al principio, la idea de colaborar con personas desconocidas me generó cierta incomodidad. Estaba acostumbrada a trabajar con compañeros de mi misma carrera, con quienes comparto una mirada similar, un lenguaje común y formas parecidas de abordar los problemas que se presentan. Sin embargo, al estar en un grupo compuesto por estudiantes de disciplinas diversas, me encontré en un escenario completamente nuevo. Cada uno de nosotros, con habilidades y perspectivas únicas, tuvo que encontrar su lugar.

La primera etapa de la actividad, en la que debíamos lanzar palabras sueltas, aunque inicialmente me pareció desconcertante, resultó ser una herramienta eficaz para ver en qué punto estaba cada uno de nosotros. Esta dinámica no solo mejoró nuestra capacidad de trabajo en equipo, sino que también nos permitió entender mejor las perspectivas y puntos de vista de cada integrante del grupo para encontrar un terreno común del cual partir para realizar más eficazmente la tarea.

A medida que avanzábamos y resolviendo la actividad nos fuimos conociendo de diferentes maneras... No solo a través de nuestras palabras y lo que decíamos sobre nosotros mismos, sino también a través de cómo actuamos y colaboramos. Creo que fue muy interesante ver como algunas características de las personas surgieron de manera inconsciente, a través de la disputa sobre como abordar la tarea. Algunos se destacaban más como organizadores y líderes, guiando sobre como avanzar y filtrando ideas. Mientras que otros parecían ser más creativos, haciendo distintos bocetos y propuestas del proyecto. Y el resto de los integrantes eran simplemente más tímidos y seguían al resto. Esto me hizo pensar: ¿Qué tipo de capitales aportamos inconscientemente a los grupos en los que trabajamos? Y ¿Cómo influye nuestro papel en el desarrollo colectivo de la tarea?

Una de las cosas que más me impactó fue la riqueza que la interdisciplinariedad aportó a nuestra tarea. Los estudiantes de diseño gráfico y audiovisual ofrecieron diferentes perspectivas que, en conjunto, enriquecieron el proceso creativo. Mientras algunos compañeros se enfocaban en los aspectos técnicos y estructurales, otros aportaban ideas más abstractas o estéticas. Esta diversidad de enfoques nos permitió a todos aprender unos de otros, ampliando nuestra comprensión sobre cómo se puede abordar un problema desde distintos ángulos. La fusión de estas miradas diversas resultó en una visión más completa y creativa de lo que inicialmente esperábamos. Esta diversidad de capitales intelectuales y culturales, nos permitió a todos aprender unos de otros, ampliando nuestra comprensión sobre cómo se puede abordar un problema desde distintos ángulos. ¿Podríamos haber enriquecido aún más el proceso si hubiéramos sido más conscientes de estos aportes desde el principio?

Al final de la clase, comprendí que la experiencia no se trató solo de construir un monumento; de hecho, ni siquiera importaba si lo construíamos o no. Se trató de construir relaciones y aprender a trabajar en un entorno donde la diversidad de pensamiento es la norma. Esta experiencia me dejó con la certeza de que, en un equipo, todos tenemos algo único que aportar. Precisamente es esta diversidad la que enriquece y fortalece los resultados. Trabajar con extraños de otras carreras me enseñó que, en lugar de ver las diferencias como obstáculos, debemos abrazarlas como oportunidades para crecer y crear algo realmente significativo para todos.

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