BISON, Marina - Clase 1


¿Quién es "yo”? – Marina Bison

Me miro en el espejo y veo un rostro que conozco, pero aun así, a veces me es extraño. ¿Quién es la persona detrás de esa imagen? ¿Quién es "yo"?

No es la primera vez que me hago esta pregunta. Recuerdo que cuando era más chica, solía pasar mucho tiempo en el espejo, tratando de encontrar una pista que me dijera quién era y quién podía ser. Me preguntaba si los demás veían el mundo de la misma manera que yo y si mi forma de pensar, sentir y actuar era igual a la de los demás. Me daba miedo preguntar, por si la respuesta me revelaba una verdad incómoda: ¿Y si mi “yo” era diferente? ¿si mi "yo" no encajaba?

A medida que fui creciendo, empecé a darme cuenta de qué representaba “yo” en la vida de los demás y de cómo ellos me percibían. Era una hija, una hermana, una amiga, una alumna y una compañera. Y todos a mi alrededor parecían tener una versión diferente mía. Y esas versiones, cuando se sumaban, formaban una imagen: "buena", "responsable", "sensible", "creativa", "justa", “enojona”, “torpe”. Pero, ¿eso era todo? ¿Podría ser que la suma de esas palabras realmente me definieran por completo? En el fondo, sabía que no. Sentía que había algo más, algo que me faltaba.

Cuando llegué a la universidad, la pregunta ¿Quién es “yo”? adquirió un nuevo peso en mi vida. Todos a mi alrededor parecían saber exactamente quienes eran y quienes querían ser. Tenían una pasión que los guiaba, un propósito claro que les daba sentido. Sabían cuál era su lugar en el mundo. Mientras tanto, yo me sentía como un espectador en mi propia vida, y seguía preguntándome "¿cómo voy a saber quién quiero ser si todavía no sé quién soy?". Me sentía perdida.

Fue en ese momento cuando busque definirme a través de mis logros. Pensé que si alcanzaba metas personales y obtenía reconocimiento por mis esfuerzos, finalmente encontraría esa identidad que tanto buscaba y descubriría ese “yo” que no encontraba. Pero cada vez que lograba algo, la satisfacción era efímera. No importaba cuánto avanzará, siempre había otro objetivo más que alcanzar. Siempre había un vacío persistente que me recordaba que, en el fondo, no sabía realmente nada.

Con el tiempo, empecé a prestar más atención a lo que me hacía feliz y me completaba de alguna manera. Y para mi, eran los pequeños momentos de la vida, esos instantes que a menudo pasamos por alto, que damos por sentado. Siempre encontré paz, gratitud y un sentido de amor por la vida en esos pequeños momentos; el olor a café en la mañana, el abrazo de mis papas, la sensación del sol en la cara, el ruido del viento entre las hojas de los árboles, las carcajadas compartidas con las personas que amo… Me di cuenta de que el "yo" se reflejaba en esos momentos.

Así fue como dejé de preocuparme tanto por encontrar una definición exacta de mí misma y empecé a disfrutar más del simple hecho de ser... Dejé que mis actos hablarán por mí, que mis relaciones me moldearan, que mis errores me enseñaran, que el mundo me transformara tanto como yo lo transformaba a él.

Entendí que "yo" no era un destino al que debía llegar, sino un viaje que debía recorrer. Un viaje lleno de sorpresas, de cambios, de aprendizajes. Y en ese viaje, lo importante no era encontrar una respuesta definitiva, sino estar abierta a la posibilidad de que mi "yo" cambiara, evolucionara, se adaptara a las nuevas realidades y desafíos que la vida me presentara.

Hoy, cuando me miro en el espejo, ya no busco respuestas en mi reflejo. Aprendí a ver más allá, a comprender que "yo" es un conjunto de experiencias, de elecciones, de emociones, de sueños y de miedos. Y aunque la pregunta ¿Quién es “yo”? sigue siendo relevante para mi, ya no me atormenta. La he aceptado como una parte natural de la vida, como un recordatorio de que el ser humano es, en esencia, constante búsqueda y constante aprendizaje.

Yo soy alguien que sigue buscando, soy alguien que sigue preguntando, que sigue aprendiendo, que sigue creciendo, que sigue amando. Y en esa búsqueda, en esa constante evolución, entendí una parte crucial de lo que significa desde mi punto de vista vivir: la libertad de ser, de cambiar, de elegir, de descubrir nuevas facetas de mí misma y de aceptar que la identidad es un camino en constante construcción. No tengo que saber a donde voy, no tengo que hacer todo perfecto, me puedo permitir explorar y perderme en el camino, no pasa nada, es parte del recorrido. Porque al final, ¿Quién es “yo”? no necesita una respuesta única, se puede ir reescribiendo a medida que pase más tiempo conociéndome. Y eso, para mí, es suficiente.

Comentarios

  1. SN: Elabora preguntas significativas y resignifica los conceptos vistos en clase para repensar su vida personal y su lugar como diseñadora.

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